Hay algo negro en ese charco

Las puestas de los anfibios

¡Hola vadeadoras!

Todos los anfibios, dependen del medio acuático para su reproducción, independientemente de que los adultos sean más o menos acuáticos (pueden ser incluso totalmente terrestres), de forma que encontrar puntos de agua donde reproducirse, es un punto clave para la supervivencia de sus poblaciones.

¿Alguna vez os habéis fijado en los charcos que se forman en los caminos, cunetas, rodadas de tractores…? Con las lluvias de estos días, se han formado un montón, y si salís a pasear por el campo, los encontraréis fácilmente. A pesar de ser charcos pequeños y efímeros, son clave para muchos organismos, como los anfibios, dado que en nuestro contexto mediterráneo donde las lluvias no son muy regulares. Muestra de ello son las puestas de huevos en forma de hilos negros que se pueden encontrar estos días en ellos. Se ven hasta de lejos, pero te recomendamos que te acerques y enfoques tu vista para encontrarlos.

Las puestas de sapo común tienen más filas de huevos en cada cordón, es decir son más gorditas que las de otros sapos, y se encuentran en charcos que duren más tiempo. Esto se debe a que los huevos y luego las larvas, tardan mucho en desarrollarse. Sin embargo, en los sapos corredores, no ocurre igual.

Amplexo de Epidalea calamita. En el charco encontrado en La Silla de Felipe (El Escorial).

Los sapos corredores (Epidalea calamita), prefieren reproducirse en los puntos de agua más efímeros de todos, los charcos de lluvia, donde no hay depredadores que puedan zamparse a sus pequeños renacuajos. La contrapartida es que los renacuajos, necesitan desarrollarse muy rápido, para que en unos pocos días, cuando se seque el charco, puedan ser independientes del medio acuático. Una estrategia de lo más interesante y arriesgada, que como muestran sus cantos por las noches, les funciona la mar de bien.

En la imagen, podemos ver el amplexo entre dos individuos de esta especie.

No solo son interesantes las lagunas y ríos grandes y vistosos. Hasta los charcos más pequeños pueden dejarnos boquiabiertos. 

Desde Vadeando lo tenemos claro, ¡NUNCA SUBESTIMES UN CHARCO!

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